Una competición como el Mundial de Fútbol siempre da mucho que hablar. En concreto, la Copa del Mundo de la FIFA 2026 no ha estado exenta de controversias: desde la investigación por el elevado precio de las entradas hasta su enorme impacto ambiental, al ser considerado el torneo con mayor emisión de CO₂ hasta la fecha. A ello se sumaron las restricciones de entrada en Estados Unidos que afectaron a parte de los participantes y aficionados.

 

seleccion española levantando copa mundial 2026

“España levanta el trofeo de la Copa del Mundo durante España contra Argentina el 19 de julio de 2026” by Wikimedia Commons bajo la licencia CC BY 4.0

Pese a ello, lo que permanece en la memoria de los espectadores son las emociones, las historias que dejó la competición y la imagen que selecciones y jugadores proyectaron de su país. Mientras que, sin haber llegado a la final, la selección noruega despertó admiración o se recuerda con cariño a los jugadores de Cabo Verde, Argentina se enfrenta a un golpe más duro que la derrota: se lleva un profundo rechazo por parte de las audiencias internacionales.

Esta competición demuestra que estos grandes acontecimientos no solo deciden un campeón: también moldean la percepción que millones de personas tienen de los países participantes. No es casualidad que los Gobiernos quieran tener un papel destacado en estos eventos. De hecho, su participación forma parte de una estrategia con creciente importancia en las relaciones internacionales: la diplomacia pública.

La diplomacia pública en un cambio de paradigma

Cuando se piensa en diplomacia, solemos imaginar reuniones entre dirigentes vestidos según el protocolo, negociaciones secretas o acuerdos firmados entre gobiernos. No obstante, esa imagen ya no refleja toda la realidad.

Un ejemplo reciente lo protagonizaron el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el presidente de Corea del Sur, Lee Jae Myung, durante una cena en la que compartieron mesa con el grupo surcoreano Stray Kids y el cantante Psy, conocido por Gangnam Style. Se mantiene la vestimenta protocolaria, pero todo lo demás es distinto. Gestos más distendidos y empresarios y figuras del entretenimiento como invitados. Podría decirse, incluso, que los públicos extranjeros fueron partícipes de lo que ocurría en la cena, ya que, gracias a las redes sociales, el encuentro se expuso a millones de personas.

 

Por otro lado, como iniciativa diplomática, la Reina Cristina de Suecia está decidida a convencer a los españoles de que los suecos no son tan s(u)ecos, para tratar de combatir los estereotipos asociados a las personas de su país.


Este cambio en el enfoque se da porque los gobiernos son conscientes de que ya no basta con realizar acuerdos secretos entre ellos. También necesitan comunicarse directamente con la ciudadanía de otros países para mejorar su reputación, generar confianza y conseguir apoyo hacia sus intereses. El conjunto de estrategias orientadas a este objetivo es lo que se conoce como diplomacia pública. Dentro de ella, una de las herramientas más eficaces es la diplomacia cultural, que aprovecha diversos elementos capaces de despertar interés y admiración: la música, el cine, la gastronomía, la moda, la historia, la educación o el deporte. No obstante, la efectividad de estos solo puede darse si los valores, ideales, estética y narrativas de dichos elementos gozan de credibilidad y buena consideración. Este enfoque, conocido como soft power se basa en una premisa sencilla: resulta mucho más fácil influir a través de la atracción que mediante la imposición.

 

El Mundial de Fútbol como medio de influencia

Un Mundial de Fútbol constituye una de las mejores oportunidades para ejercer diplomacia pública. Durante la competición que ha tenido lugar este año, millones de personas han centrado su atención en el torneo, convirtiéndolo en un escaparate internacional en el que cada selección proyecta la imagen de su país.

La selección de Noruega, por ejemplo, ha sido inmortalizada representando el llamado «remo vikingo». Este cántico transmite un mensaje de trabajo conjunto y unidad, que contribuye a proyectar una imagen de Noruega como un país cohesionado y coordinado.

España también ha proyectado una imagen positiva gracias a la cohesión de su selección. La complicidad entre los jugadores, el esfuerzo colectivo y la sensación de equipo reforzaron una percepción de compañerismo que ha sido ampliamente reconocida por el público internacional.

La diplomacia cultural, no obstante, tiene ciertas limitaciones ya que los Gobiernos no siempre tienen el control de los recursos sobre los que se sustenta este tipo de diplomacia. En primer lugar, los países pueden tratar de difundir sus manifestaciones culturales, pero su proyección internacional puede resultar limitada la por escasez de recursos disponibles para este fin. En este sentido, esta competición ofrece a los países un escenario internacional desde el que comunicarse con los públicos internacionales. Este es el caso de Cabo Verde, cuya selección ha cautivado a las audiencias extranjeras por su capacidad de competir con humildad, entusiasmo y resiliencia, lo que le ha granjeado una gran atención internacional.

Asimismo, dado que los recursos sobre los que se sustenta la diplomacia cultural son creados por individuos y no siempre por gobiernos, el papel de estos debe centrarse en fortalecer las industrias y potenciar aquellos elementos que mejor representan la identidad o valores que desean proyectar al exterior.

 

¿Qué ocurre cuando los valores de un país generan rechazo?

Argentina representa, probablemente, el ejemplo más ilustrativo. Argentina ha sido tradicionalmente asociada a grandes figuras del fútbol, gracias a las cuales ha construido una imagen positiva y ha alcanzado un gran reconocimiento internacional. Tras la victoria en el Mundial de 2022, el triunfo argentino se interpretó como un desenlace “de cuento de hadas” para la carrera de Lionel Messi y como una celebración del talento futbolístico argentino. Tan solo cuatro años después, el panorama ha cambiado considerablemente. Tras la final de la competición de 2026, la imagen argentina la imagen de Argentina queda asociada a comportamientos considerados irrespetuosos y arrogantes. El verdadero colofón no ha sido simplemente una derrota, sino la huella dejada por la imagen del equipo cuyas repercusiones se traducen en un deterioro de la reputación del país.

La Copa del Mundo de la FIFA 2026 ha sido un escenario donde deporte y política han confluido. En este contexto, ganar o perder partidos no necesariamente determina qué países salen reforzados. Por lo tanto, el verdadero triunfo no siempre se levanta en forma de trofeo, sino que consiste en conquistar la confianza, la admiración y el respeto de quienes observan desde fuera.

 

Laura Carmen Heredero